“Tras la conversión hay un gran y necesario camino de sanación”

 

Una buena amiga del Regnum Christi y enamorada de la Teología del Cuerpo, me envió la información de un retiro de identidad y sanación. Me fio muchísimo de mi amiga Blanca así que sabía que si me lo mandaba era porque era bueno para mí.
La verdad es que me daba pena que por las fechas yo no pudiera ir pero también es cierto que lo contemplaba como un retiro “cualquiera” que me haría crecer en mi fe. Siempre he pensado que yo ya estoy convertida desde mi bautismo a los 17 años y que cada día me estoy convirtiendo más pero que ya sé muy bien quien soy y cuál es mi rumbo.
Si bien inicialmente no iba a participar en el retiro, al fin acudí confiada, deseosa y abierta.
A medida que nos iban transmitiendo ideas e íbamos realizando actividades, mi corazón se llenaba de alegría al sentirse tan interpelado y por reconocer tantas verdades que yo no sabía que necesitaba escuchar.
Durante el retiro me descubrí muy afortunada de estar recibiendo tanta riqueza. No podía dejar de pensar en tantas personas a las que les ayudaría escuchar y comprender esas verdades que se nos regalaban con tanto cariño y entrega generosa.
Estos últimos años vivía con los ojos muy fijados en el don de la Eucaristía. En esta oportunidad que se me ha brindado he reconocido (“conocido de una forma nueva”, como dice mi amiga Blanca) al Espíritu Santo y el poder tan grande de la oración.
Lo mejor, sin duda, ha sido sorprenderme al evidenciar y vivir que tras la conversión hay un gran y necesario camino de sanación. Un camino que dura toda la vida y que, con las herramientas que me han dado y la ayuda siempre disponible de Dios, permite volver al origen, volver a quien soy, volver a reconocer mi verdadera identidad: hija amada de Dios. Las heridas de mi corazón se van destapando una a una y lo seguirán haciendo a lo largo de mi vida y ya no van a definir mi identidad.
Gracias a Susana y al Padre Carlos, gracias a Blanca, a cada persona con la que he compartido en este fin de semana, a la familia del Regnum Christi y, por supuesto, gracias al Espíritu Santo (que atravesó mi corazón para que me lanzara a ir en el último minuto), por haberme redescubierto el camino de mi vida, el camino de un cristiano: recordar mi verdadera identidad y dejar que Él sane mis heridas para poder proyectarme en la Misión que Él tiene para mí.

Testimonio de Carla Restoy Barrero, 25 años.

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